viernes, 1 de diciembre de 2023

La enfermedad de escribir

 


Cuando el mal tiempo de frío y lluvia llega, me proporciona la posibilidad de parar un poco mis rutinas deportivas. Aprovecho para descansar, realizar algunas tareas domésticas y mirar por la ventana. También pensar. Quizá demasiado. Y por eso intento parar poco. Para no darle la posibilidad a mi mente de darle vueltas y vueltas a los pensamientos que los carga el puto diablo.

Vigilando mis divagaciones se encuentra hoy la portada de un libro, en concreto un ejemplar del genial Bukowski, “La enfermedad de escribir”. Y como un dardo en busca de su diana me asalta una idea.

¡Maldita enfermedad esta de escribir!

Cuando lo habitual es que las noticias malas corran rápido y los diagnósticos más de la cuenta sean desfavorables, ojalá todas las enfermedades fueran así. En vez de infarto de, cáncer de, accidente de... enfermedad infecciosa de la risa para la cual no hay vacuna, metástasis de besos y abrazos, síndrome de la dibujitis aguda, felicidad transitoria en bucle...

No estaría mal ir a la farmacia a por los medicamentos que prolongaran los efectos de estas enfermedades en vez de sanarlos.

¿Se os ocurre alguna “dolencia” de estas que os gustaría “padecer”?

Puestos a soñar.

Virus de la satisfacción generalizada, epidemia de solidaridad, síndrome de las múltiples habilidades.

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martes, 21 de noviembre de 2023

Palabreando

 


Nos diferenciamos de los animales en nuestra capacidad de comunicarnos por medio de palabras que adquieren vida bien al ser pronunciadas, bien al escribirlas. Claro me queda la duda de si las palabras pronunciadas que nadie escucha y las escritas que nadie lee, se pueden considerar como tales. Quizá sean entonces palabras inertes, sin función alguna.

De la manera que sea las hay de muchos tipos. 

Palabras sin sentido como inflación, machismo, monarquía. Palabras profundas: abismo, pozo. Vistosas: cromático, arco iris. Alegres: fiesta, chiste, carcajadas. Tristes: depresión, enfermedad, cárcel, huérfano. Golosas: pastel, chocolate, natillas. Tajantes: fin, muerte. Palabras de compromisos rotos: divorcio, traición. Pixeladas como estas mías que no son capaces de cumplir el reto marcado al inicio de una entrada diaria. 

Preferidas. Una de las mías es “umbral”. Más allá de las definiciones que aparecen en el diccionario, parte inferior o escalón contrapuesto al dintel, en la puerta o entrada a una casa, me suena a zona de cambio, zona de paso de una realidad a otra, unión de un mundo a otro. Y en ese lugar intento quedarme cuando duermo, cuando tengo un sueño y no una pesadilla. Trato de agarrarme a ese momento en el que no estoy despierto aún pero tampoco duermo profundamente, y así me quedo flotando en esa unión, en ese umbral entre ficción y realidad.

Otras palabras preferidas son alféizar, ojiplático, carambola, carámbano.

¿Tenéis alguna palabra preferida? ¿Alguna que os guste, que por la razón que sea os transporte a estadios de ensueño y/o admiración? Lo podéis compartir en comentarios.


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miércoles, 1 de noviembre de 2023

¿Por qué todo?

 


Hoy necesito vomitar. Vomitar palabras de mierda. Expulsarlas de mi boca. Liberarlas para evitar que me estallen dentro de mi cuerpo. Que salgan tal como me vienen. Sin orden. O con caos de por medio. Como sea. Que salgan.

Dolor. Muerte. Sufrimiento. Bombas. Tanques. Explosiones. Ruinas. Barbarie. Oscuridad. Más bombas. Más explosiones. Más barbarie. Más Muerte. Locura. Venganza. Sionismo. Colonialismo. Religión. Dios. Cabrones. Cómplices. Impotencia. Rabia. Pena. Abatimiento. Impotencia. Sin sentido.

Genocidio. Genocidio. Genocidio.

En pleno siglo XXI y con unas décadas por los caminos de esta vida, que alguien me diga cómo explicar a mis hijos las miserias que nos rodean. Cómo hacerles entender que la vida no es para sufrir. Que siempre hay una luz de esperanza al final del túnel. Que siempre sale el sol a la mañana siguiente. O a la siguiente.

Cómo explicarles por qué se llega al horror.  Ponerles excusas que fundamenten lo inexplicable. Que no hay límites ni reglas cuando el demonio hace de las suyas.

Bombas.

Destrucción.

Muerte.

En mi cabeza rebotan una y otra vez imágenes que no deberían estar presentes ni en las peores pesadillas. Esos niños, como mis hijos. Esas mujeres, como la mía, como mi madre y mi abuela. Esos hombres, jóvenes, adultos, ancianos. Todos magullados. Con los rostros desencajados, la mirada perdida. Lanzando gritos al vacío. 

Cómo explicarles que a pesar de todo, mientras esas realidades suceden a distancia, yo consigo disfrutar con las cosas sencillas, saboreando una comida, haciendo el deporte que me gusta, relajándome en la naturaleza. Explicarles que esta maldita vida sigue aún con el alma rota y sucia por esta contradicción. Que la Tierra sigue girando aunque mucha gente permanezca inmóvil, impasible ante tanta destrucción, incapaz de mostrar un mínimo de empatía.

¿Por qué todo?

 

 


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martes, 31 de octubre de 2023

¿Truco o trato?

 



Suelo confundir la realidad con la ficción y entremezclo lo vivido a ambos lados del umbral que separa la noche y el día, lo soñado con lo vivido despierto. Por eso las cosas malas las suelo encasillar en el mundo de las pesadillas y las buenas me convenzo de que son las reales.

Esta mañana sin ir más lejos, al despertar y comprobar que era la hora de ir a trabajar no me lo creí y seguí durmiendo un rato más, hasta que el despertador volvió a insistir en recordarme que en verdad debía levantarme para no llegar tarde. Mi confusión volvió cuando al bajar a tomar un café en las televisiones del bar donde suelo ir, reflejaban una imagen como la foto de arriba, una imagen anacrónica, salida de las tinieblas del medievo. Me pellizqué para averiguar si sentía dolor o no. Quizá todavía estaba dormido. Fatalmente casi me arranco un trozo de la carne de mi antebrazo con el consiguiente grito y las miradas atónitas de los presentes.

¿Cómo podía ser real?

El resto del día seguí rumiando la imagen.

¿Y si la señora de la izquierda le estaba diciendo a la joven de blanco: “Repita conmigo: esternocleidomastoideo, supercalifragilisticoespialidoso, tururúmássabeelborriquitoquetú…”?

O le estaba indicando que le señalara en el libro ¿dónde está Wally? (¿Conocéis esos libros de buscar a Wally no?) y todos ahí atentos, con la mirada fija para ver dónde ponía su mano.

O ya puestos, al ser días de difuntos y santos, más de Halloween en esta era de la modernidad, le estaba informando en nombre de todos los españoles (no los de bien, sino los otros) que la monarquía estaba muerta, que sus integrantes eran zombies vivientes y el trato que no el truco eran unas bolsas de caramelos y para casa.



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miércoles, 25 de octubre de 2023

El hombre que no paraba de subir

 



Ya desde cuando era bebé este hombre tenía la afición de subir y subir. Y es que no paraba de subirse a todos los sitios. Se subía por los barrotes de la cuna agarrándose con sus dos manitas y apoyando sus piececitos para darse más impulso. Menos mal que todavía no tenía fuerza suficiente, aunque en más de una ocasión fue salvado por sus padres en el límite de caer al otro lado.

Cuando aprendió a andar ya llevaba tiempo acercándose a gatas hasta el sofá del salón al que se subía, con cierta dificultad, pero lo lograba a base de insistencia para asombro del resto de la familia, a la que regalaba una sonrisa desde arriba.

En el cole pronto comenzó a subirse al pupitre. La atracción era superior a él, no podía evitarlo y en cuanto se quedaban solos por ausencia del profesor de turno, y mientras los demás niños tiraban bolas de papel o se ponían a hablar o a jugar, él se levantaba y de un salto se subía al pupitre. Tras unos cuantos castigos aprendió a reaccionar más rápido y sentarse como si nada cuando llegaba el profesor.

Durante su juventud esta obsesión lejos de aminorar, se incrementó todavía más. Se subía al autobús por la puerta de atrás, sin pagar, para bajar en la siguiente parada antes de que le pillara el revisor pero con la idea de volver a subirse en el siguiente autobús, de nuevo por la puerta de atrás, sin pagar y para bajar en la siguiente parada. Y así se pasaba las tardes. Subir, bajar, para volver a subir que era lo que apaciguaba su ansiedad.

Un día en esas subidas de placer y bajadas de obligación, conoció a su primer amor. Se complementaban a la perfección, al menos al principio. A él le gustaba subir, a ella le gustaba bajar. Y así fue como en las escaleras mecánicas de un centro comercial, surgió el flechazo, justo en el momento en el que se cruzaron. Ni qué decir tiene que él subía y ella bajaba. Fue una relación intensa. Llena de subidas y bajadas. Y como el equilibrio era imposible entre ellos, terminaron por seguir cada uno su camino.

De adulto este hombre siguió con su inquietud. Y eso que parecía haber subido todo lo que había por subir en la vida. Subió de reponedor a encargado, de encargado a subdirector, a director de tienda, a director de zona y en poco tiempo se convirtió en el hombre que dirigía los hilos de la mayor multinacional del planeta.  Desde su despacho en la última planta del rascacielos más alto, recordaba cuando le decían “estudia que es para ti, que llegarás lejos”. Y parecía haberlo logrado, pero este hombre no podía parar de pensar en maneras de subir. Y como tenía mucho dinero, se compró un globo al que dicen que se subió y ascendió empujado por las corrientes de aire hasta lo alto del cielo. Y subió y subió y subió…

 


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viernes, 20 de octubre de 2023

A/A de los padres y madres

 


Dar un repaso al diccionario de la RAE (Real Academia Española) suele ser siempre productivo y edificante. Hoy consulto una palabra que no representa duda alguna en cuanto a su ortografía, ni es un término rebuscado.

Niño:

2. adj. Que tiene pocos años.

3. adj. Que tiene poca experiencia.

De ahí busco también niñez:

1.      f. Período de la vida humana, que se extiende desde el nacimiento a la pubertad

Y finalmente pubertad:

1.            f. Primera fase de la adolescencia, en la cual se producen las modificaciones          propias del paso de la infancia a la edad adulta.

 

¿Y a qué viene esto os preguntaréis? Sabemos lo que es un niño y cómo se escribe y muchos hasta somos padres y, todos lo hemos sido alguna vez (niños que no padres) aunque hayan pasado unas cuantas décadas jajajaja

La historia es que ando mosqueado, noto como en la actualidad al niño no se le deja serlo. Por muchos motivos se le empuja a madurar antes de hora, se le exigen responsabilidades que no les corresponden. A veces la excusa son los horarios de trabajo de los padres y se les apunta a cuarenta mil actividades extraescolares incluso, otras es la comodidad propia porque jugar con ellos cuesta un esfuerzo adicional.

Ahora los niños a los 9, 10 años parece que tienen que tener móviles, a esos años se les permite ir solos al cole, a la misma edad han realizado viajes de todo tipo y lugares, a Disneyworld por ejemplo, ¿queda alguien sin ir?, ya han celebrado fiestas de cumpleaños como si fueran la última en su vida…

¿Qué les va a quedar por hacer a los dieciséis, a los dieciocho… a los treinta?

Un niño tiene pocos años y menos experiencia, dejemos que la adquieran poco a poco y a su debido tiempo.

Pensadlo al menos, gracias.


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jueves, 12 de octubre de 2023

Felices fiestas del Pilar

 



El calendario está marcado por fechas que se repiten año a año. Sales de una y entras en otra. Navidad, frío del invierno, Semana Santa, Puente de mayo cuando lo hay, fin del colegio, empieza el verano y sus calores, no ha terminado éste y preparas un nuevo inicio de curso... 

La vida en ciclos.

Y ahora estamos en plenas fiestas del Pilar. Las calles se llenan de gente, cachirulos, actividades, ferias, conciertos. El ambiente se inunda de ganas de pasarlo bien.

Y es entonces cuando a pesar de tanto alboroto, de tanta celebración, yo me siento más perdido. Porque se puede sentir la soledad estando muy acompañado. Se puede sentir nerviosismo cuando la gente parece disfrutar más. Y tú solo quieres huir, escapar de aquí.

Desde hace mucho, tengo claro que no me siento reflejado en las pasiones generales de los que me rodean. Seguramente sería más fácil para mí, camuflarme en el paisaje, vestirme de baturro estos días, escuchar jotas, salir en la ofrenda de flores, ser uno más. Pero cada vez ando más convencido de que vivo en un mundo equivocado. No encajo. Me siento solo ante el fervor de mi entorno. El corazón me late lejos de celebraciones religiosas, fuera de festividades folclóricas.

Ese ibón, esa montaña, esos buitres comiéndose el cadáver de una res quizá despeñada, el riachuelo de agua fresca que inerva la ladera.

Nada que ver.

Aún así, a todos, seáis de castañuelas o no, os emocionéis cerca de la Virgen del Pilar o no, os gusten estas fechas o no, os felicito las fiestas del Pilar. 

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miércoles, 4 de octubre de 2023

Sinsentido

 



La vida se empeña en demostrarnos continuamente que es un sinsentido. Y más que la vida, la muerte en sí.

Todos vivimos con la incomprensión de dicho momento, con las dudas de si habrá o no algo más allá después de que nuestros párpados se cierren y la línea del encefalograma se quede plana. Unos encuentran consuelo, que no tanto explicación, en su fe religiosa; otros la encontramos en la negación, quizá como postura defensiva, en el ateísmo y en el que no habrá nada. Postura esta última, seguramente sustentada,  aun de manera inconsciente, en la falta de lógica de muchos de los sucesos y devenires del ser humano en este mundo terrenal y en que si hubiera algo o alguien al mando del timón no permitiría tanta desgracia.

¿Cómo es posible que por una discusión por el pago de una cerveza pueda nadie acuchillar y matar a otra persona?

Esto parece ser que es lo que ha ocurrido en Boltaña, un pueblo del Pirineo aragonés.

Imagino, que como mucha otra gente, yo quiero creer que hay algo más detrás de este suceso, ¡como si hubiera razones con lógica para admitir que una persona mate a otra! Pero así, con un cuchillo … quizá se conocían y ya tenían sus más y sus menos, quizá un lío amoroso, algo más que apoye esta locura y arrebato de matar.

Es un sinsentido absoluto.

29 años la víctima. 38 el asesino.

Que la tierra le sea leve. Y sus familiares y amigos encuentren la energía suficiente para seguir el camino.


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lunes, 2 de octubre de 2023

Premios Nobel de medicina: Katalin Karikó y Drew Weisman


 

Hoy no iba a hacer mención al clima de mi zona durante los últimos días, pero es 2 de octubre, otoño y ya lo del veranillo de San Miguel típico de estas fechas, se ha quedado corto. Esto ya es más verano que otra cosa, con temperaturas de 30 grados o más y sin refrescar demasiado por la noche. Los negacionistas del cambio climático deben estar contentos. En fin, ilusos.

Sí quiero detenerme hoy 2 de octubre en 2 nombres: Katalin Karikó y Drew Weisman. Acaban de recibir el Premio Nobel de medicina por los estudios que sirvieron entre otras cosas para desarrollar vacunas de ARN efectivas frente al Covid-19. Aún recuerdo los que dudaron de dichas vacunas y de la rapidez con la que se elaboraron, desconocíamos los años que se llevaba investigando. Y digo bien, desconocíamos, porque yo lo ignoraba también. La diferencia es que algunos lo siguen ignorando y negando su utilidad y eficacia ahora. Por eso les recomiendo que lean, que busquen información. Que salgan de las noticias deportivas, de los cotilleos de prensa rosa. Que apaguen el televisor. Incluso se puede tener una cerveza a mano y documentarse. Es apasionante.

Porque sin ciencia no hay futuro. Mentes privilegiadas, muchas veces menospreciadas al principio, dedican horas y horas de investigación para con una pizca de suerte, alcanzar logros que permiten mejorar nuestras vidas. Suerte que hay que buscar y pagar, invertir e invertir. Nos va la vida en ello. Aunque se tarde en alcanzar éxitos. Porque imagino la cantidad de esfuerzo aparentemente inútil que habrán invertido estos dos científicos y otros tantos que no logran dar con la tecla necesaria. Pero todos ellos son imprescindibles. 

Katalin Karikó. Drew Weisman. Busquen su historia. Les invito. Está todo pagado.


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miércoles, 27 de septiembre de 2023

Portabilidad telefonía e internet primer intento 0 – infierno 1

 


Extraño fenómeno este del veranillo de San Miguel, efectivamente se cumplen las condiciones estos días para afirmar que estamos bajo su influencia. Otoño, finales de septiembre, temperaturas más altas de lo normal para la estación y sin precipitaciones. Y eso que hoy amaneció bastante nublado hasta final de la mañana cuando se despejó y empezó a caldearse el ambiente. Casi como en el hemiciclo del Congreso, donde tenía lugar la primera votación para la investidura del señorito Feijóo a la presidencia del Gobierno. Sin sorpresas, no ha conseguido los votos necesarios y aplazan al viernes la segunda votación, esta vez necesitará mayoría simple, que salvo errores o tránsfugas mediantes, tendrá mismo resultado.

Con estas pinceladas de la primera parte del día, me interesa comentar y consultaros lo siguiente: - ¿Alguien alguna vez ha realizado un cambio de compañía de telefonía e internet y ha salido todo bien a la primera?

No vale decir que yo tengo un amigo ni conozco a unos vecinos que… lo necesito en primera persona. ¿Contestáis a lo anterior con un sí? En ese caso tengo dos opciones: una es, fijándome en mí diablillo interior, mandaros a tomar por…. o dos, haciéndolo en mi angelito interior, muy interior, alegrarme por todos y pediros que me enviéis un autógrafo por lo afortunados que sois.

Omitiré la compañía en esta ocasión, puede ser cualquiera, puesto que ya son varios cambios en unos cuantos años y no recuerdo ninguno, donde todo saliera sin problema alguno. En una ocasión hasta me querían dejar unos días sin línea telefónica, porque siempre se pasan la pelota de una a otra para omitir responsabilidades y ninguna daba una solución. Tampoco creo que sirviera de mucho, la queja-reclamación oficial que realicé en su momento a la Administración correspondiente.

Esta mañana el instalador de la nueva compañía, comienza a pasar cable, baja al garaje, sube, re-vuelve a bajar, re-vuelve a  subir, igual que mi mosqueo, hasta que comenta que parece haber un problema que no es del cable que pone él sino del cuadro general o algo por el estilo. Los pelos de mi cuerpo se erizan, la saliva se me atraganta, me contengo por no soltar un mecagoento y compruebo una vez más que para mí estos cambios acaban siendo un puto infierno. Uno sabe cuándo se mete pero no sabe ni cómo va a salir de allí. Que sinvivir.


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sábado, 23 de septiembre de 2023

Lucas y los relojes

 



En la entrada de ayer ya salieron muchos relojes y hoy os hablaré de Lucas.

Lucas es una persona que tiene sus obsesiones, como todos. Porque que levante la mano quien no las tenga. Seguro que tú eres de los que no hace más que almacenar fotos y fotos en tu ordenador. O eres de los que no te resistes a comprar unas zapatillas nuevas, aunque no las necesites y las tengas de todos los colores y marcas. Seguro que conoces la obsesión de tu marido por los coches. O la de tu cuñado, por ese equipo de fútbol al que no soportas. En fin, que todos tenemos alguna obsesión cuando menos.

Y algunas no tienen explicación, otras sí.

La de Lucas, son los relojes. No puede salir de viaje sin regresar con uno. Incluso a veces en su propia ciudad durante un paseo si desde el escaparate le llaman la atención el giro de unas saetas determinadas, o el parpadeo de los números marcando las horas. Porque a priori le da igual el modelo, la antigüedad, si va con pilas, si es de arena.

Hay que decir que a diferencia de los coleccionistas, Lucas no los guarda. Cuando llega a casa, con una nueva adquisición, en silencio, va a su habitación y espera a que empiece a anochecer. Lo coloca sobre la cama y si es digital retrasa la hora hasta alcanzar la que él busca y si es analógico hace girar las saetas en sentido contrario, también hasta donde quiere. Posteriormente, se duerme y si al día siguiente no ha tenido efecto, tira el reloj a la basura.

Por la misma razón que los tira, no puede llevar nunca un reloj de pulsera, porque los prueba y al ver que no tiene éxito en lo que busca, los desecha como todos los demás.

Al final es demasiado gasto el que conlleva mantener su obsesión y su búsqueda. Tanto que lleva varios años sin irse de vacaciones. Sin darse un capricho. Sin salir de fiesta. Sin arreglarse. Son los mismos años desde que su mujer se fue, “que ya no sentía nada por él”, “que no había nadie más, pero que no era feliz”. Y desde entonces Lucas no hace más que buscar la manera de retroceder en el tiempo para amanecer junto a ella como si nada.


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viernes, 22 de septiembre de 2023

Vuelven los dinosaurios

 



Estoy en casa. La noto rara. Sin brillo ni contraste. En las paredes cuelgan infinidad de relojes. Hay relojes por todos los rincones, incluso en el techo y en el suelo. Dentro de los armarios, en los cajones, debajo de la cama. Más relojes.

No entiendo nada.

De todos los tamaños. De madera, de saetas, digitales, de mano. ¡Hasta en mis muñecas llevo varios y nunca lo hago!

¿Qué locura es esta?

Unos giran sus manecillas en sentido correcto, otros a la inversa a gran velocidad. Los hay inmóviles. Con los números brillantes, intermitentes, borrosos, de colores.

Uff qué agobio.

Cada uno además marca una hora distinta. Me asomo por la ventana y veo que es de día, un día muy gris. Al menos tengo una referencia. La cama sin hacer indica que es por la mañana.

Mientras voy al salón aparto telas de araña por el camino y escucho el continuo trajín de alarmas tenebrosas y carrillones marcando horas en punta.

Que sinvivir.

Enchufo la televisión. Y ahora me sorprendo al ver la pantalla en blanco y negro. Las noticias me explican lo que está sucediendo en mi casa. Y en España. Se ha vuelto todo muy loco y se ha retrocedido a épocas oscuras de negacionismos y limitación de derechos, de caciques y caudillos, de vírgenes y santos, de toros y banderas.

Me pellizco por si es un mal sueño, pero no. Hasta han resurgido algunos dinosaurios que creíamos extinguidos.


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lunes, 18 de septiembre de 2023

¿Menos libertad?

 



Imagino un mundo sin redes sociales, sin Internet ni feisbug, tuiter ni tiquittoc, ¿os acordáis? Tampoco hace tantos años de este furor por lo inmediato, por el postureo y por querer ser famoso a toda costa, y creo que se vivía mejor. Sin tanta ansiedad. Sin la necesidad de colgar todo al segundo. Sin compartir todo de tu vida.

Quien me conozca puede decirme que yo también caigo en esa adicción, a lo que podría contestarle que reconozco que yo he pecado y peco, pero que no soy tan extremo como otra gente, no estoy tan enganchado. Al menos así lo creo, igual estoy peor de lo que me parece...uy, suena alarma de poner la foto del día en Instagram jajajaja es broma.

Volviendo a esto de la inmediatez y de este afán por sobresalir, lo que se consigue es que los gilipollas florezcan. Porque ahora no es que no puedas cometer un delito, no es que no puedas traspasar límites, es que en estos tiempos hasta un ladrón cuelga su robo, un pirado de la velocidad cuelga su cuentakilómetros a 200 por la autopista y un pavo australiano publica un video con una pitón, Shiva la llama, enrollada al cuello mientras hace surf. Y el tío dice que lo ha hecho una decena de veces. ¿Para qué? ¿Para qué lo difundes? Si la normativa te lo prohíbe, hazlo al menos sin que se entere todo Cristo.

Así que da la impresión de que hay menos libertad, pero de lo que no tengo dudas es de que hay más personajes de intelecto muy limitado por no repetir de nuevo lo de gilipollas. Aunque sí, famosillos y gilipollas.


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jueves, 14 de septiembre de 2023

¿Algún psicólogo en la sala?

 



Generalmente duermo bien, no me cuesta mucho conciliar el sueño. Pero anoche no iba a ser así.

A lo largo de la tarde fue incrementándose un dolor de cuello producido por un mal gesto en el partido de tenis de la mañana, de tal manera que mi mujer me aplicó un masaje con calmante en la zona, antes de cenar, en un intento de disminuir mis molestias. El alivio fue transitorio porque a la hora de ir a dormir el dolor aumentó de nuevo impidiéndome apoyar la cabeza con comodidad en la almohada de la cama. Con la cabeza hacia un lado, mal; hacia el otro también, de frente peor. Con un cojín, con almohada y cojín, sin nada, toda combinación daba mal resultado.

Cuando tras varios intentos de cerrar los ojos y engañar al dolor, vi que era imposible, me levanté a por un ibuprofeno y nueva aplicación de masaje con más calmante.

Parecía que esta vez ayudado, quizá por el cansancio, iba a poder quedarme frito, un inoportuno mosquito sobrevoló mis oídos con el fastidio que supone. Creo que lo llegué a ver en un par de pasadas pero no logré estamparlo entre mis manos. Al menos debió sentirse amenazado porque no lo volví a notar y  conseguí olvidarme de su existencia.

10 minutos llevaba dormido cuando ahora la activación de mi portátil puso en marcha un video del youtube a todo volumen. ¡Joder qué susto! Vaya inicio de noche. Que sinvivir. Y vuelta a intentar conciliar el sueño.

Zzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzz……..

De repente me vi en la meta del Angliru, pedaleando junto a Perico Delgado y otro señor que decía que se veía desde allí el mar, pero que en días de niebla no, y que lo que sí se veía según Perico era Oviedo y Gijón y justo lo dice y a mi lado aparecen dos excompañeros de trabajo, a los que no veo hace muchos años, que uno era de Oviedo y otro de Gijón y yo digo que esto qué sentido tiene y me acabo despertando una vez más en esta noche de imposible descanso.

Insisto: - ¿Algún psicólogo en la sala?

 


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martes, 12 de septiembre de 2023

Tiempos para la ignorancia

 



Que vivimos en un mundo imbécil lo tengo claro hace mucho tiempo. Un mundo donde las redes sociales en muchos casos ha servido para dejar patente las limitaciones del género humano. Y, ojo, tampoco creo que antes fuera muy diferente, lo único es que permanecía más oculto. Ahora todo se sabe y todo el mundo se muestra, se ha perdido el miedo y el pudor además en mostrar las carencias.

Vivimos en una realidad virtual donde por conseguir un like, un megusta, donde por pretender destacar se es capaz de todo. Que toca arriesgar el tipo por obtener un selfie, un autoretrato, el más original que el resto del mundo, se hace y no será el primero que tiene un susto o algo peor. Que toca subir la mayor chorrada creyendo que se va a hacer viral, se sube a Internet, aunque sea perdiendo la dignidad.

Se invierten horas y horas de difusión en estupideces, hechas por personas que no lo merecen. Si un futbolista se toca los huevos de manera obscena, en un arrebato de vete a saber qué,  en una celebración por marcar un gol, todo el mundo lo sabrá en pocas horas. Que sinvivir.

Y a la vez que se pierde el tiempo en nimiedades, se desconoce por ejemplo que el 13 de septiembre de 1851, nació Walter Reed, médico estadounidense que descubrió que la fiebre amarilla se transmite por mosquitos, enfermedad que causa en el mundo unas 30.000 muertes. O que un 21 de septiembre de 1895 nació Juan de la Cierva, ingeniero español inventor del autogiro, precursor del helicóptero.

¡Viva la ignorancia!

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domingo, 10 de septiembre de 2023

¿Pero esto por qué?

 



La vida es bonita, a veces, y siempre sale el sol, para muchos, pero no para todos. Y mientras algunos disfrutamos de un buen fin de semana sin ninguna dificultad, con acceso a todo, incluso a tiempo de ocio, en otros lugares se ven impedidos de todo, incluso de lo más elemental.

Este párrafo anterior da igual cuando se lea, perfectamente y casi siempre, tiene sentido y se cumple.

2122.

7,2.

 30.

Son cifras de una escala terrorífica. La primera se refiere a fallecidos, la segunda a la escala Ritcher, esa que mide la intensidad de los movimientos terrestres y la tercera son los segundos que duró. Y es que el pasado viernes por la noche un terremoto sacudió las entrañas de Marruecos, en el corazón del Atlas. Tan sólo 30 segundos que bastaron para causar este infierno.

Como siempre en estos casos el recuento de la primera escala se inicia con un número más bajo del que al final lamentablemente resulta. Al ser en zona de difícil acceso, en zona montañosa, confiemos en que esa cifra no suba más con el paso de los días.

Es tal la rabia, impotencia, tristeza, enfado y otros sentimientos que en estos casos siento que si creyera en Dios, me gustaría ponerme frente a él, con la misma cara del cafre del Trump (quizá escriba sobre esta foto en otro momento) y gritarle ¿pero esto por qué? ¡Cabrón!


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viernes, 8 de septiembre de 2023

La vuelta al cole

 



El verano acaba con la vuelta al cole independientemente de si hace todavía calor o no. Para unos habrá sido un periodo corto, para otros demasiado largo, como siempre, según el color del cristal con el que se mire. Tanto para unos y como para otros habrá pasado y tras dos meses y medio de vacaciones toca volver a retomar ciertas rutinas.

En todas las casas donde hay niños en edad escolar, la primera mañana, se respira sueño por el madrugón, nerviosismo por los preparativos, ajetreo por los nuevos horarios y algunos gritos que chocan y retumban por las paredes del edificio mezclándose con los gritos de otros vecinos.

Los barrios se llenan de coches y circular cerca de los centros escolares crispan a muchos conductores. También a los que no tienen hijos en edad escolar y coinciden sus horarios con las entradas y salidas de los mismos. Es un sinvivir.

A la llegada se multiplican los reencuentros, mientras los hijos esperan, los padres y madres se saludan como si hiciera años que no se ven. Es todo alegría y gran efusividad. –“¡Nos ha tocado en la misma clase!”- gritan unas madres. Se abrazan dos padres, estos felices como ninguno por recobrar un poco de tiempo libre. –“¡Qué morena estás!”- envidia otra. –“Te ha sentado bien el veranito”- suelta otro con risa maliciosa. Y muchos quedan para después a tomar ese primer café de la tranquilidad, ese café que disfrutarán como hacía 2 meses y medio que no podían.

Los críos esperan en las filas a que los profesores salgan al encuentro, seguramente temerosos ante lo que se les viene encima. A veces el primero en salir es el novato, otras la profe sargento que látigo en mano dirige su seria mirada a las fierecillas. Minutos después el patio se vacía y solo queda algún rezagado al que se le han pegado las sábanas.

Un nuevo curso da comienzo. The show must go on- como decía Freddie Mercury.

 

 


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martes, 5 de septiembre de 2023

La moda del Papa

 



Hay días en la vida, en la mía, que sin saber las razones me llaman la atención unas noticias sobre otras, me fijo en detalles que en otros momentos pasarían desapercibidos. Y no es por ejemplo que tenga hambre y el rugir de mis estómagos (así me los creo por su fuerza y sonoridad, no porque sea un rumiante cualquiera) me conduzcan a las imágenes de comidas, de asados brillantes con sus pataticas o hacia dulces de chocolates de colores. Es distinto. Podría ser el azar, la casualidad, mera elección de un camino y no otro. No lo sé.

El caso es que sin saber de dónde vengo, ni a dónde iba, hoy me fijo en una foto del Papa, esa figura tan determinante para los católicos del mundo, nada para mí salvo ser consciente de lo que para los anteriores significa.

En ella se ve a Francisco, el Sumo Pontífice, andar tranquilamente, como cualquier joven, con las manos dentro de los bolsillos de un plumas, más blanco y brillante que su solideo.  Con un crucifijo grande colgando y unas zapatillas deportivas blancas también, creo que de marca nike.

Lo primero que pienso es “¡no puede ser!". Seguido me digo “¿y por qué no?. Míralo qué moderno, cómo trata de atraer a la Iglesia a los jóvenes". Al segundo, dudo, me froto los ojos, parece un spot publicitario de algún rapero… pero está tan logrado.

Al leer la noticia, que es de hace unos meses ya pero cuando se viralizó no me debió llamar la atención porque me la perdí, salgo de dudas. La maldita I.A., eso que llaman Inteligencia Artificial, que aún no sé con exactitud en qué consiste, puesto que salvo alguna pincelada nadie me lo sabe explicar bien, está detrás de semejante creación. Concretamente la inteligencia artificial de Midjourney, aplicación especializada en la generación de imágenes realistas a solicitud de los usuarios. Todo falso y retocado.

Qué tiempos más extraños se nos están quedando. Ya no podemos estar seguros de nada, se crean realidades paralelas, falsas, como algunas canciones que sacan ahora que también me he enterado de que se pueden componer, de autores fallecidos o no, sin consentimiento alguno a partir de pequeños fragmentos de sus voces.

¡Qué sinvivir!

 

 


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